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lunes, 14 de septiembre de 2015

Crónica de una noticia trágica...

Los dos escritos que a continuación se comparten, constituyen un ejercicio pedagógico orientado a contar los hechos generados desde diversas perspectivas, sin establecer criterios de parcialidad o maniqueos, a pesar de consentir que los actos de guerra, desde todo punto de vista, son detestables y reprobables. Las siguientes composiciones son el resultado de transformar un hecho noticioso en una crónica personal vivida por algunos de los protagonistas y su objetivo puede resumirse en ponerse "en el lugar" del otro, un recurso didáctico que alimenta la mente de las escritoras y que sirve como insumo para este fin.


Foto original: Agencia Reuters/Mohamad Torokman
Fuente: Periódico electrónico El Comercio (Perú)

Lo que vivió el niño: Recuerdo muy bien aquel día. Yo solo caminaba por entre las rocas, como solía hacerlo a diario. El sol brillaba con intensidad. Todo parecía normal. De pronto vi uno de esos hombres, de esos que siempre visten de verde y cubren sus caras con pasamontañas. Aquel señor bajaba con rapidez por la colina. Me asusté mucho ya que sabía lo que me esperaba. Traté de correr muy rápido pero, al intentar esquivar una roca, me alcanzó. Grité con todas mis fuerzas. Trate de escapar pero él no se iba a dar por vencido tan rápido. Escuchaba que mi familia gritaba mi nombre: ¡Khan!. Sentí gran alivio al ver que mi madre bajaba corriendo hasta llegar a mí. Aquel hombre me golpeaba una y otra vez contra la roca. Yo lloraba hasta que mi mamá llegó por mí, pero no puedo hacer gran cosa. Con el pasar de los minutos llegaron más personas a defenderme. Como tenía el brazo partido se me dificultó forcejear mucho. Al final, se rindió y me dejó en paz. Lanzó una especie de granada y se fue. Por la expresión en sus ojos, se notaba que su alma era fría y despiadada. Luego me fui con mi madre. Nunca podré olvidar aquella tarde.

Lo que vivió el soldado: Yo estaba en la frontera. Eran alrededor de las 12 del medio día. Estaba haciendo mi turno. Recuerdo que hacía un sol ardiente, cuando de pronto, un niño palestino empezó a lanzarnos piedras. Era un niño malcriado. Sus padres no lo corrigieron y él siguió haciéndolo. Me molestó tanto que pensé en castigarlo a mi manera. Así que lo cojo por el cuello. Cuando veo que el lugar está lleno de camarógrafos y personas de otra frontera, empiezan a pegarme. Yo solo pensaba en que el niño debía pagar por lo que hizo. Decido soltarlo y la gente aún me seguía golpeando, así que de rabia, lanzo gas lacrimógeno para que se aparten de mí y me voy con mi compañero. Reflexioné y me di cuenta que perdí media hora de mi valioso tiempo por un niño malcriado.


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